Y los espero por las noches, recostada,
en este camastro ahumado, quemado por la pasión
por el amor y la devoción que le profesa mi corazón;
anhelando que reviente las ventas y remueva las cortinas,
que me encuentre con sus besos, con sus manos frías,
con su gélido pecho, con su fulgor de no vivo, no muerto,
y escuchar muy cerca el latido de su corazón frío,
cargado de emociones, férreo palpitar maldito.
Usted que es tan bello, bestialmente atractivo y carnívoro,
y yo que soy tan frágil creatura, presa de la noche
obscura.
Es para usted, para quien escribo mirando sobre los tejados,
recordando sus ojos amarillos, su hechizante voz.