viernes, 5 de septiembre de 2014

A ése, mi Muso.....



Y ese suave y excitante ronroneo de tu voz,
que es como escuchar la fulgurante combustión
de un montón de fierros y cilindros de un fino automotor,
ruda, rústica y rugosa; pero confiable y apacible.

Tus brazos fuertes, tus manos inquietas,
ese sutil y armonioso aroma que despides cuando caminas,
tus ojos refulgentes y vibrantes como soles,
y esa piel, ¡Madre mía!, dueña y ama de mis fantasías.

Tú mi muso, musa corrompida,
mi talón de Aquiles, mi embestida,
que sin querer de a poco me haces esclava de tu sonrisa,
de esos dulces labios, tortura enfermiza,
que sin más, un buen día, dedicaré a disfrutar sin prisas,

Porque ¡Oh sí! mi dulce caramelo escarchado
no podrás escapar de mí, y no querrás intentarlo.


Yumi_84

lunes, 28 de julio de 2014

El canto…



Escuché una vez el canto de un viejo jilguero
Me contó de ti, de tu amor, de tu ilusión,
Me habló de ese beso devastador que sobrepasa la razón,
Yo no le creí, tomé sus dulces notas y las eché al buzón,
Las envié en una carta, rota y sin remitente,
Esperando jamás obtener tan llana y pronta respuesta.

Y así, llegaste tú, con tu amor, con tu ilusión,
Con esa clase de amor que los jóvenes borrachos de pasiones pueden sentir,
Con esa intensidad que hiere la piel y del alma ni qué decir,
Ese amor que destroza, carcome, mata, hiere, revive y levanta,
De ese amor que lleva en un soplo el cielo y el infierno, los dos, de un jalón,
Ese amor que te arrastra, ese amor que te hace llorar y reír.

Aún yo con mis años, con mis cabellos canos y las marcas del saber,
No he podido descifrar lo que este amor le hace a mi ser,
Sigo sin entender el porqué de su existir, así
Con sus ciclones, tornados, huracanes y remanentes, que nunca desaparecen.

Porque a pesar de los años, no puedes olvidarlo,
Y puedes tener mil amores, pero solo uno como el del canto del jilguero,
Ágil y sigiloso, fuerte y claro canturreo de pájaro,
Que revienta, retumba y paraliza el corazón.

Como el mío, como el tuyo, un corazón de dos…


Julio 2014.

Yumi_84

miércoles, 19 de marzo de 2014

Paréntesis…

......

Y se fue, con su vestido amarillo,
arrastrando su carruaje revestido de rubíes y diamantes,
a su esplendoroso castillo, a su gloria, a su vida de ensueño,
y yo me quedé, solo observando, taciturno y ensimismado.

.....

miércoles, 19 de febrero de 2014

Remembranzas...



Por increíblemente absurdo y estúpidamente masoquista que parezca,
Te extraño.
¿Cuándo fue la última vez que estuve a tu lado?, ¿Hace un día?, ¿Un mes?, ¿Un año?,

Muy a duras penas alcanzo a recordar las finas líneas de tu careta,
esa faz casi taciturna, llena de tranquilidad y de agrado,
esa alma tuya, carente de ligereza, perezosa, amorfa y somnolienta.

Tus expresiones, lo insonoro de tu risa, el calor inconfundible que emana de tus manos,
tu mirada de vacío al observar el horizonte, tu semi-actividad, tu pasividad violenta,
tu estornudo gracioso, tu nariz aguileña, el sonido que haces con tu hitter al inhalarlo.

Tus bizcos, el quejido de tus huesos, el hecho de que te salgas en una noche de tormenta,
y que viaje contigo descansando a mi costado, y que no puedas dormir con los ojos bien cerrados.

Y sin darme cuenta te conozco tan poco y te recuerdo tanto, que me temo mi estimado,
Voy a terminar extrañándote todo el tiempo sin poder ni querer evitarlo.


Yumi_84

sábado, 15 de febrero de 2014

Amor en Tribulación.


¿Qué caracteriza a un amor infortunado?
La soledad y el vacío de uno o más de sus amantes,
¡Ah! Porque es probable que sean varios,
no solo el par idealizado de los cuentos de antaño,
No, el infortunado amor se mezcla entre nosotros,
y entrelaza nuestros dedos con uno o más adeptos,
se nos escurre como miel por el cuerpo desnudo,
y va enervando, atrayendo, seduciendo a los incautos.

El fuego, el juego, la provocación,
sus llamas carbonizan los sentidos y la razón,
El llanto y los sollozos son traídos a su tiempo,
cuando llega el tiempo del dolor, de la separación,
Porque ¡Oh sí!, ay que amar y sufrir,
de lo contrario el incauto y el adepto, el ermitaño y el feligrés,
no se dan cuenta si han amado alguna vez.

¿Qué caracteriza a un amor infortunado?
La duda, el silencio; besos robados y desperdiciados,
caricias franqueadas, roces de labios y algo más,
Pasión, seducción, deseo, incertidumbre, ganas de gritar,
y estar tumbado en el sofá riendo, reviviendo, recordando,
esos intensos , breves, escasos y eufóricos momentos de felicidad.


Yumi_84

miércoles, 5 de febrero de 2014

Pastelito.


Un pastelillo con grajeas, cosa insignificante ¿no?,
no lo es para un niño que ha pasado hambre y frio,
no lo es para una madre que no tiene para comprar un pastel gigante en el cumpleaños de su hijo,
y no lo fue para cierta niña de ojos obscuros como la noche y cabellos ondulados,
que esperaba los domingos para que uno de sus abuelos le llevara el preciado regalo,
aunque fuera solo como un gesto, ese gesto valía todo,
valía las horas de limpieza, valía las tardes aburridas,
valía la tristeza, valía la melancolía;
simple batido de mantequilla y azúcar que bañaba un inflado y esponjoso pan de naranja,
que no sólo alimentaba la pequeña barriga de la cría entelerida, sino que también alimentaba su alma.


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Un poema libre dedicado a uno de mis abuelos, a veces olvidamos sentimientos por aferrarnos al orgullo.

viernes, 10 de enero de 2014

Gracias.



Gracias.


El olor del incienso comenzó a provocarme náuseas, ¡Son las dos de la mañana por qué rayos deben de mantenerlo encendido!, recargo mi cabeza en la pared con los ojos cerrados, arrugo el rostro ante la incandescencia que atraviesa mis parpados, Maldito foco, giro la cabeza para poder abrir los ojos, me encuentro con la figura de mi hija y su reciente esposo, ambos se hallaban dormidos acurrucados en un rincón de la sala, bajo la mirada y suspiro.

Creo que me hará bien tomar un poco de aire, me levanto con lentitud, no recuerdo cuando fue la última vez que sentí mi cuerpo tan pesado, atravieso la habitación sin mirar a nadie, no tengo ánimos de entablar una conversación, las personas me observan caminar, creo haber escuchado a alguien llamándome, pero no presté atención y salí del recinto.

Afuera el viento es ligero y suave, un poco húmedo y fresco, pero reconfortante; aprieto con mis manos la solapa de mi chaqueta obscura tratando de resguardar mi pecho; cierro los ojos y me dejo invadir por la quietud de la noche.

Tranquilidad, sin duda eso era lo que más deseaba en ese momento, necesitaba descansar, me dolía todo el cuerpo; era como si hubiera corrido kilómetros, pasado la noche de fiesta o entrenado todo el día; apreté los ojos y sacudí levemente la cabeza, no debía dejar que los recuerdos se apoderaran de mí, No por ahora.

Un par de risas sonoras me alejaron de mis cavilaciones, volteo con enfado en dirección a ellas, observo a dos jóvenes conversando, mi cuñado y su mejor amigo; el primero se da cuenta de mi presencia y arroja el cigarrillo que sostenía, yo esbozo una sonrisa, aunque ya es todo un hombre no deja de tratarnos con respeto, era como si El estuviera a mi lado como siempre; camino lentamente hacia ellos.

Sin duda habían dejado de ser los niños vigorosos y traviesos que conocí hace tantos años, pero no dejaba de pensar en ellos como eso; aún conservaban esa alegría y carisma contagiosa; -Me regalarían un cigarrillo- lancé mi pregunta al llegar a ellos, mi cuñado pasmó su rostro por unos segundos pero de inmediato retomó la compostura mientras golpeaba a su amigo en el hombro, tratando de qué éste ultimo reaccionara; el muchacho con prisa sacó de su bolsillo una cajetilla, nervioso me entregó un delicado  cilindro blanco, el cuál de inmediato acomodé en mi boca, acto seguido el mismo joven con manos temblorosas lo encendía caballerosamente.

Ambos chicos me observaban con extrañeza, no los culpo, nunca me habían visto fumar, de hecho era algo inusual en mí, no lo hacía desde la universidad, hasta ahora, Probablemente el tabaco y la nicotina ayuden a tranquilizarme un poco; nos quedamos en silencio lo cual fue conveniente para mí, seguía sin ganas de charlar; terminé mi cigarrillo, les regalé una media sonrisa y me di la vuelta, justo cuando comenzaba a caminar hacia el recinto escuché la voz de mi cuñado.

-Espera- hiso una pausa, yo voltee con prontitud, me miraba serio y dubitativo  -Tal vez no sea el momento para entregártelo pero, debes tenerlo…Tú no estabas y me lo dieron a mí-

Extendió su brazo con el puño cerrado, vacilé un poco antes de poner mi mano debajo de la suya, depositó lentamente un objeto, en el momento en que lo palpé todos mis músculos se pusieron rígidos, sabía lo que era sin mirarlo, como pude estrujé el material y lo atraje hacia mí para corroborar, apreté los ojos antes de mirar, en efecto… era su anillo.

En cuanto lo vi, millones de imágenes se arremolinaron en mi cabeza, la primera, el día de nuestra boda desde luego, le siguieron tantas e innumerables cosas que pasamos juntos, el día que lo conocí, nuestra primera noche, la llegada de nuestra hija, nuestras peleas, su risa, sus caricias, sus besos; poco a poco mi rostro comenzó a descomponerse, comprimí los puños tratando de sacar fuerzas de donde encontrara; yo era su esposa, debía ser fuerte, imponerme ante esto, eso era lo que El hubiera deseado, tenía una hija por la cual salir adelante, ella necesitaba a su madre entera, aunque ya no fuera una niña; yo era una luchadora, una guerrera, no podía dejarme caer; pero fue inútil, yo lo amaba, Lo amo, y ya no estaba.

Me quebré, comencé a llorar desconsoladamente, mis ojos escurrían como ríos sin detenerse, sentí como las piernas dejaron de responderme, mi cuñado me abrazó y sin siquiera yo pensarlo me acurruqué en su cuerpo, lloraba como nunca en la vida había llorado, empecé a respirar entrecortado involuntariamente, no me di cuenta en qué momento el muchacho me tomo en brazos, yo solo podía sentir como si mi cuerpo expulsara algo por medio de las lagrimas, quedando en él un vacio, un vacio frio, doloroso, como si mi pecho se hubiera convertido en una caverna gélida; llegamos a mi casa y seguía sin reaccionar, todo lo que podía hacer era sollozar amargamente, como si la tristeza se hubiera apoderado de cada fracción de mi ser; me depositó en el sillón, yo era un bulto doliente, y me tapó con lo primero que encontró.

Me quedé en posición fetal, gimoteaba como una niña, débil, indefensa, sin su protector, sin El; escuché la puerta principal de mi hogar cerrarse, no podía moverme, el dolor no me lo permitía; apreté los labios antes de por fin después de intentarlo antes sin éxito pronunciar ahogadamente y hacia la nada –Gracias-.


Fin