Dicen que el adolescente adolece, porque no es niño, porque no es adulto, simplemente se encuentra en el limbo buscando su camino, su rumbo.
Yo creo que el adolescente adolece de ataduras, de prejuicios; es libre y orgulloso de su inocencia, carisma y espíritu de aventura. Vive en sus mundos utópicos y por supuesto ama con locura.
A ese amor lleno de risas y caprichos, amor pasionero y delicado, amor por el que todos un día suspiramos cuando teníamos 15 o 24 años. Hoy quisiera darle gracias.
Gracias a aquel amante que despertó a una niña de su gótico sueño, que de un beso liberó los parámetros de lo que es correcto. Quiero agradecerle las sonrisas sin motivo y los profundos suspiros; la energía diseminada, la felicidad disparada con cada mirada; el brillo y la alegría de su primer rayo de sol por la mañana.
Gracias por recordarle a esa mujer perfumada de ambición que la vida se vive al ras del suelo y que no necesitamos dinero, joyas o mausoleos, si al final de día, bueno, más bien si todo el día, cuentas con el recuerdo y la armonía de un amor llanero (si llanero como el llanero solitario).
Gracias por la fascinación causada a una fashion victim empedernida, con esa actitud tan relajada y urbana reflejada en cada milímetro de esa atrayente figura ahumada.
Gracias por los besos y abrazos; gracias por enseñarle a tirar cariño a destajo, demostrando en cada paso la chifladura que provocaban tus labios, tus manos; a esa adolescente de 23 años, que ya no se podía ilusionar y que ya no quería su corazón entregar.
Gracias por devolverle a alguien la capacidad de AMAR………
Yumi_84 12.05.2010