
De pronto una nube negra se poso sobre mi cabeza
Los sonidos bravíos y pueriles del viento ensordecían mis cabizbajos pensamientos
Sórdidos ellos, tales como el andar de un perro moribundo, ya sin aliento
Y yo, aferrada a mis miles de velas en este solitario entierro
Tratando de no perder las ideas que poco a poco descendían pos los círculos dantescos
A lo lejos podía escuchar una triste sonata de trompeta en una choza semienterrada
A la que juraba vacía, aferrada a la tierra que tanto amaba y que ahora marchita estaba
Asolada por la guerra, el hambre y la miseria; polvorienta, gélida y desértica
Mientras tú, allí tendido, en tu caja cutresca, pálida y sin bosquejos de ornamenta
Con tu sonrisa, esa maldita sonrisa sínica y soberbia, tus labios pálidos, tu vida fingida
Y yo, tu única comensal, la única mujer, el único punto blanco del paisaje, no estoy llorando
Veo la tempestad a mí alrededor y trato de imaginar que no es aquí donde estoy
Pero las raíces como manos hambrientas se enredan entre mis piernas, me hacen caer
Y me acercan cada vez más hacia el ceno de tu tierra, hasta llegar casi a tocar tu piel
Pero no siento tu aliento… porque tu… ya estas muerto…
Los sonidos bravíos y pueriles del viento ensordecían mis cabizbajos pensamientos
Sórdidos ellos, tales como el andar de un perro moribundo, ya sin aliento
Y yo, aferrada a mis miles de velas en este solitario entierro
Tratando de no perder las ideas que poco a poco descendían pos los círculos dantescos
A lo lejos podía escuchar una triste sonata de trompeta en una choza semienterrada
A la que juraba vacía, aferrada a la tierra que tanto amaba y que ahora marchita estaba
Asolada por la guerra, el hambre y la miseria; polvorienta, gélida y desértica
Mientras tú, allí tendido, en tu caja cutresca, pálida y sin bosquejos de ornamenta
Con tu sonrisa, esa maldita sonrisa sínica y soberbia, tus labios pálidos, tu vida fingida
Y yo, tu única comensal, la única mujer, el único punto blanco del paisaje, no estoy llorando
Veo la tempestad a mí alrededor y trato de imaginar que no es aquí donde estoy
Pero las raíces como manos hambrientas se enredan entre mis piernas, me hacen caer
Y me acercan cada vez más hacia el ceno de tu tierra, hasta llegar casi a tocar tu piel
Pero no siento tu aliento… porque tu… ya estas muerto…
1 comentario:
Interesante...
que onda!
ya tenías un buen que no actualizabas tu blog hahaha
Espero que estés de lo mejor
Saludos Mely Mely
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